Confianza Social - Solucion #1 a la Timidez y Ansiedad Social

martes, 10 de abril de 2012

EL MIEDO AL COMPROMISO


Según Steven Carter y Julia Sokol, el miedo al compromiso o la fobia al compromiso se manifiesta de dos formas diferentes. Una forma ACTIVA y una forma PASIVA.

Cuando una persona manifiesta una fobia al compromiso en la forma ACTIVA, puede decirse que es más consciente de su problema respecto a una persona que manifiesta una forma PASIVA. Las personas que afirman conscientemente que no desean comprometerse con nadie y que aman su libertad, son las que en general presentan una fobia de tipo activo. En general se involucran en relaciones fugaces y se caracterizan por ser infieles.

Por otro lado, en el caso de las personas con fobia al compromiso de tipo pasivo, es mucho más difícil darse cuenta del problema. En general son personas que afirman que desean comprometerse pero siempre se involucran en relaciones conflictivas y en general muy difíciles de concretar. 

En la fobia al compromiso de tipo pasivo predomina mucho más la fantasía que la realidad y en general estas personas son fieles a relaciones en las cuales es evidente desde un principio, que no funcionarán. Estas personas pasan mucho tiempo fanstaseando sobre como sería la relación si la persona hiciera esto o aquello y hacen caso omiso a las señales que indican que la relación jamás funcionará.

El caso típico de la fobia al compromiso en la forma pasiva, es cuando quien padece la fobia, se involucra con una persona que ya tiene un compromiso con otra y espera o cree que la situación cambiará. En este caso el compromiso es con la fantasía de como puede llegar a ser la relación y no con la relación en si misma. 

Al involucrarse en relaciones conflictivas, el fóbico de tipo pasivo se asegura jamás comprometerse y siempre le parece que el problema es la otra persona y no él mismo. Obviamente todo este proceso se produce de forma inconsciente, el fóbico no se da cuenta de lo que le sucede y sufre por su "mala suerte".

Muchas veces se requiere terapia sicológica para lograr traer a la consciencia este tipo de fobia pasiva, ya que por si solo, el paciente no logra darse cuenta. Muchas veces el diagnóstico acertado produce la toma de consciencia y por lo tanto comienza el proceso de darse cuenta del problema y encargarse de él para dejar de sufrir.

Si bien la fobia al compromiso nunca se va completamente, la toma de consciencia facilita el manejo de la misma y un profesional especializado puede brindarle al paciente herramientas adecuadas para facilitar el dominio del miedo a encarar una relación comprometida.

El fóbico al compromiso se asusta con la idea de que algo sea "para siempre", por lo tanto una forma muy efectiva de enfrentar el miedo es vivir la relación amorosa día a día. Hacer planes a muy largo plazo o pensar en vivir con alguien para toda la vida, puede asustarlo de tal forma que huya despavorido.

sábado, 8 de octubre de 2011

EL MIEDO A LA PÉRDIDA

Los niños y el duelo

Ser constantemente perseguido por la amenaza de abandono parece ser una condición auxiliar inexorable en la pérdida de la primera infancia. En las mujeres que no han completado el proceso de duelo, la amenaza se ve agravada de diversas maneras y se traduce en apatía, depresión o ansiedad.

Como se revela en el estudio de Wakerman, las mujeres que no habían llorado sus padres eran más propensas a temer que su marido fuera a morir, que las mujeres que lo habían llorado. Estos hallazgos, junto con la sabiduría profesional emergente, indican claramente que el duelo en el momento de la pérdida alivia una buena cantidad de dolor posterior. "Desde el momento que la vida comienza ...", escribe la trabajadora social Lily Pincus, "el crecimiento humano depende de la aceptación y el dominio de las pérdidas."

Muchas veces cuando el padre muere, la madre trata de enmascarar no sólo sus emociones, sino también la verdad. A pesar de todas las buenas intenciones, disfrazar la verdad es imposible. En su libro, El padre de un niño muere, Erna Furman escribe: "Los niños son tan atentos y sensibles a los estados de ánimo de sus padres y a los matices de comportamiento que, en nuestra experiencia, es imposible salvarlos de saber o engañarlos sobre la verdadera la naturaleza de los acontecimientos."

Para agravar la ausencia del padre está el sentimiento de rechazo, el abandono sin explicación, y la frustración de saber que la madre, el único padre que queda, está ocultando algo. La ansiedad no se reduce, se multiplica. "Por alguna razón, papá se ha ido, y por alguna razón, mamá, no me está diciendo todo." En lugar de una pérdida, el niño debe hacer frente a dos. La hija sin padre ha sido abandonada y obviada.

De acuerdo a las etapas del desarrollo psicosexual planteadas por Freud, los niños de entre seis y diez años de edad se encuentran en la fase de "latencia", y como tales son enérgicamente reacios a mostrar signos de vulnerabilidad. Ya no dependen de sus padres para todas sus necesidades, la preocupación primordial de los niños en esa fase, es el establecimiento de relaciones fuera de la familia nuclear. Poco a poco, ellos se van separando de los objetos de idealización anterior, luchando por lograr un equilibrio entre la familia y los compañeros, ellos y los otros, la realidad y la fantasía. 

Cuando la niña en fase de latencia se enfrenta a una pérdida traumática, debe conciliar su emergente imagen independiente con los temores infantiles que está intentando reprimir. A menudo, ella oculta sus sentimientos más vulnerables del día, escogiendo guardarlos para su mundo privado de fantasías. En efecto, la fantasía de los niños en este grupo de edad es particularmente activa, y la necesidad de privacidad o los sueños recurrentes con el padre son característicos. 

Las consecuencias de la represión del luto son numerosas. Según expresa Robert A. Furman en su ensayo titulado "La reacción del niño a la muerte en la familia," ... "Cuando una persona es incapaz de completar una tarea de duelo en la infancia puede ser perseguida constantemente a través de su vida por una tristeza para la cual nunca puede encontrar una explicación apropiada."

Más insidiosa que la depresión descripta por Furman, la pena no reconocida con frecuencia se manifiesta como un estado crónico de apatía. En casos extremos, la incapacidad para llorar puede muy bien convertirse en la incapacidad de amar. "La muerte de un padre puede tener un efecto retardado en los niños si no se les ayuda a expresar sus sentimientos al respecto. Un efecto puede ser que el niño se convierte en temeroso de amar.

El joven se preocupa de que, si él o ella se atreven a amar a otra persona, esa persona también les puede ser quitada. "Un niño que ha sufrido la muerte de uno de los padres y el abandono emocional concomitante del otro, puede permanecer fijo en un estado de desprendimiento crónico, incapaz de establecer metas o relaciones por miedo compulsivo al distanciamiento y al compromiso".

Paula, una jóven que perdió a su padre a los cinco años en un accidente de tránsito decía: "Yo entro en pánico cada vez que me permito ser totalmente dependiente. Es una lucha constante. La persona puede irse, o morir, y entonces me estaría perjudicando de nuevo. Estoy en el punto en que estoy tratando de convencerme a mí misma de que un cierto grado de dependencia no es necesariamente algo malo. Pero nunca he sido capaz de imaginarme estando en una relación que dure realmente, porque nunca pude imaginarme confiando demasiado o comprometiéndome demasiado. Es demasiado miedo".

Tal como el aislamiento autoimpuesto de Paula revela, el miedo al compromiso no se deriva sólo del miedo a ser herido de nuevo, sino también a partir de la necesidad continua de los padres que se remonta a la crisis de la infancia. La vergüenza por esta necesidad infantil, y la renuencia "a confiar en cualquier persona, hombre o mujer," han dado lugar a una fachada de indiferencia que tiene éxito en mantenerla a una distancia de la gente y, del verdadero objeto de su miedo, sus sentimientos.

Basada en la evidencia que está ahora emergiendo, y en función de una serie de variables, es evidente que las ramificaciones de la represión de duelo son profundamente de largo alcance. El duelo no resuelto puede dar lugar a la tristeza inexplicable, a la defensa contra el compromiso emocional, o la condición muy grave de negar los sentimientos por completo.

PRESENTACION

CRECER SIN PADRE es un espacio virtual dedicado a las hijas que por alguna razón (muerte, divorcio o abandono) han perdido a sus padres a una edad temprana.
Este grupo de mujeres viene en notorio crecimiento debido al aumento de las mujeres que deciden ser madres solas, al abandono del hogar por parte del esposo o a la muerte del mismo.
¿Qué es exactamente lo que los padres le aportan a sus hijas? ¿Cómo es la relación padre-hija? Un buen padre suele ser un puntal que permite a las hijas lograr confianza en su feminidad y en su capacidad para lograr cosas, lo cual le permite reconocer y desarrollar los diversos aspectos de sí misma.
Es probable que las hijas sin padre experimenten confusión emocional y dificultades en las relaciones amorosas, dos características que parecen acompañar a la pérdida del padre.
En este espacio no solo se van a tratar las consecuencias de la pérdida del padre, sino también otros temas que pueden o no estar relacionados con dicha pérdida, y que son el miedo al compromiso, amar demasiado, la comunicación, la autoestima, los valores, entre otros.