sábado, 30 de abril de 2011

LA MUERTE DEL PADRE

Los niños y el duelo

Antes de poder pasar por el proceso del duelo, lo importante es saber que alguien ha muerto. En el caso del fallecimiento de un ser amado, algunos adultos piensan que es mejor que los niños no sepan que murió y a veces no los llevan a los funerales o les dicen que la persona fallecida se fue. 

Sin embargo, los niños toman consciencia de la muerte mucho antes de lo que pensamos. Cuando ven animales muertos en las calles, insectos, pájaros y cuando ven situaciones de muerte en la televisión o en los videojuegos. 

Elyce Wakerman, en su libro Father loss cuenta su propia historia, diciendo que a ella se le informó acerca de la muerte de su padre diciéndole que "se había ido de viaje en un barco".  El resultado inmediato de ese engaño, fue que se llenara de esperanza cuando se encontraba en las proximidades de un río u océano... la esperanza de verlo volver. Lo que sucedió luego, fue que una niña mejor informada, le dijo a Elyce que su padre estaba "debajo de la tierra".

En otros casos, se les informa del fallecimiento pero no se los lleva al funeral y por lo tanto, no se realiza la despedida del ser querido. Los niños no procesan la pérdida y pueden pensar que el padre está perdido o que se fue lejos.

Joseph Palombo, una autoridad muy respetada en el tema de los efectos de la pérdida durante la infancia, ha escrito: "Tal vez no sea tanto la muerte de un padre la que termina siendo traumática, sino más bien la respuesta o la falta de empatía del padre sobreviviente en la comunicación de la noticia al niño." En el estudio realizado por Wakerman, sobre los efectos de la pérdida del padre en las mujeres, el 75 por ciento de aquellas cuyos padres murieron, dijeron que fueron disuadidas de expresar sus sentimientos en el momento de la muerte.

"Yo nunca lloré por mi padre" es una expresión típica de las mujeres que han perdido a su padre a edad temprana. El duelo reprimido, una condición dañina en cualquier persona, es sin embargo un aspecto vital de la mentalidad de la hija sin padre, algo que demanda especial atención cuando se considera a la mujer en que se ha convertido, ya que la ausencia de sentimiento en el momento de la pérdida contribuye al sentimiento de ausencia durante toda su vida. 

En la mayoría de los casos, pueden pasar muchos años hasta que se realice el duelo. Margarita, quien perdió a su padre a los nueve años de edad, tardó más de 20 años en dejar ir a su padre. Ella cuenta que cuando su madre le dijo que su padre había muerto, su hermano, que era cuatro años mayor que ella comenzó a llorar, pero que ella no sentía nada en ese momento. No tenía ganas de llorar.

Otro sentimiento muy común que experimentan los niños cuyo padre ha fallecido, es la vergüenza por la muerte, sobre todo frente a otros niños. Esa vergüenza lleva también a reprimir los sentimientos para no mostrarse vulnerable frente a los demás, y también como mecanismo de negación.

Cuando muere el padre, la vida de la casa cambia drásticamente. Las rutinas se alteran, y las personas también. Cuando hay niños pequeños, muchas veces se da que los abuelos o los tíos, pasan a tener un papel más importante para ayudar en la crianza de los mismos. Cuando a su vez, se agrega el hecho de que la mamá tiene que salir a trabajar para mantener a sus hijos, la pérdida es doble. Mamá también se va, cediendo su espacio a la abuela o las niñeras.

Algo que la muerte produce comúnmente es que las personas que quedan, se dividen, se separan. El dolor de la muerte y la incapacidad de exteriorizar los sentimientos, produce un bloqueo de los mismos que termina haciendo que cada uno esconda los sentimientos al otro. Las madres suelen reprimir el llanto desconsolado enfrente de sus hijos por temor a que ellos se sientan mal o se asusten. Sin embargo, romper a llorar frente a ellos y llorar todos juntos es sumamente positivo y liberador.

El bloqueo produce aislamiento y tal como lo describe Wakerman, la mayoría de las mujeres de su estudio recibieron el mensaje de que los sentimientos era mejor reservarlos para los momentos privados. El ocultamiento prolongado de las emociones, llega a crear un sentimiento de separación de los miembros de la familia que continúa en la edad adulta, para impartir un sentimiento de separación también de otras personas. 

El 72 por ciento de las mujeres de su estudio cuyos padres murieron, se describieron como "introspectivas y sumamente reservadas". Sin embargo, las mujeres de padres divorciados y de hogares intactos, y las que habían llorado la muerte de sus padres, no estaban ni cerca de pasar mucho tiempo consigo mismas.

La represión del duelo suele producir, tal como lo explican Janet C. Newman y Jeffrey S. Schwam en su artículo titulado "El niño sin padre", el desarrollo de una empatía especial para con otras personas que también han sostenido pérdidas. En presencia de las necesidades de otras personas, se encuentra mayor facilidad para acercarse a las suyas.

Cuando el duelo no se realiza, la sombra del padre acompaña la vida de la hija siempre, incapacitándola para vivir con intensidad sus sentimientos y su vida. La capacidad de vivir y sentir se disminuye en muchos niveles y a menudo se experimenta depresión. No se siente alegría ni diversión. Simplemente se sobrevive.

Cuando finalmente se logra llorar la muerte, lo cual se facilita con la terapia y con la meditación, la experiencia puede ser muy movilizadora. Se produce un insight, un darse cuenta de que nunca se lloró por la muerte, y el sentimiento de angustia provoca la salida del llanto reprimido asociándose también a una conmoción física que puede producir dolor en el pecho o en el estómago.

La hija que ha logrado realizar el duelo, experimenta una sensación de libertad, ya no siente que su padre muerto está condicionando su vida y por fin logra disfrutar de la misma siendo libre para amar a quienes viven. No necesita más ocultarse del mundo ni ocultar sus sentimientos.


PRESENTACION

CRECER SIN PADRE es un espacio virtual dedicado a las hijas que por alguna razón (muerte, divorcio o abandono) han perdido a sus padres a una edad temprana.
Este grupo de mujeres viene en notorio crecimiento debido al aumento de las mujeres que deciden ser madres solas, al abandono del hogar por parte del esposo o a la muerte del mismo.
¿Qué es exactamente lo que los padres le aportan a sus hijas? ¿Cómo es la relación padre-hija? Un buen padre suele ser un puntal que permite a las hijas lograr confianza en su feminidad y en su capacidad para lograr cosas, lo cual le permite reconocer y desarrollar los diversos aspectos de sí misma.
Es probable que las hijas sin padre experimenten confusión emocional y dificultades en las relaciones amorosas, dos características que parecen acompañar a la pérdida del padre.
En este espacio no solo se van a tratar las consecuencias de la pérdida del padre, sino también otros temas que pueden o no estar relacionados con dicha pérdida, y que son el miedo al compromiso, amar demasiado, la comunicación, la autoestima, los valores, entre otros.